| Hablamos con Severo Moto Nsá- Presidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial |
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| Domingo, 29 de Agosto de 2010 21:44 | |||
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Exilio.España.- 29 de agosto de 2010. PREGUNTA.- Sesenta y seis años. Toda una vida dedicada a la política de Guinea Ecuatorial, tanto dentro como fuera del país. ¿No es hora, ya de la retirada? RESPUESTA.- Hay muchas maneras de retirarse. La mejor de todas, por la labor cumplida. La peor de todas, rendirse a la evidencia o a la dureza del trabajo. Es decir, entregarse a Obiang Nguema, por ejemplo. Desgraciadamente, este último modelo de retirada se viene repitiendo entre antiguos compañeros de fatiga, para desesperación de nuestro pueblo P.- ¿Qué es, o sería para Ud., la “labor cumplida” al final de su trayectoria política? R.- Vivir en Guinea Ecuatorial, en un “Post-Obiang”, sin tener que obedecer a un “Hombre Fuerte”; es decir, a un dictador militar, convertido en un monstruo que devora vidas, haciendas, futuro y perspectivas del país. En esa Guinea Ecuatorial, con estos peligros conjurados y desaparecidos, podría comenzar mi retirada y dedicar mis últimos días a mi profesión periodística; Crearía un periódico, una Emisora de radio; otra de Televisión, quizás. No dudaría en activar mi carrera de Magisterio para abrir Escuelas de formación. Tanto con una carrera como con otra. Con su libre ejercicio, reventaría la terrible barrera de incultura, desinformación, analfabetismo profundo, y la decadencia a los que desgraciadamente se ha conducido a mi país, durante estas últimas cuatro décadas. P.- Por centrarnos en estos dos puntos: Información y educación. ¿Qué nivel alcanzó Ud. en los estudios de Periodismo o Ciencias de la Información. R.- En el último año de mis estudios de periodismo en la Escuela de la Iglesia, (becado por el Cardenal Herrera Oria) en el gran complejo Juan XXII, de Madrid, la carrera había alcanzado el nivel de Licenciatura en Ciencias de la Información. El correspondiente examen de convalidación de los estudios de la Escuela de Periodismo de la Iglesia, a la Facultad de Ciencia de la Información, me permitió, junto a tantos otros compañeros españoles de mi promoción, alcanzar la titularidad oficial de Licenciado. P.- Cual es su titularidad en materia de Educación. R.- Al convalidar mis siete años de estudios de Humanidades en centros eclesiásticos claretianos, en España, accedí con soltura y facilidad a los estudios de Magisterio, en la Normal de Magisterio de Bata, de la mano de los Hermanos de la Salle. Realizados los exámenes finales en la Normal de Pablo Montesinos de Madrid, accedí al título de “Maestro de Primera Enseñanza”. P.- ¿Qué tiempo ha dedicado en su país al ejercicio de estas dos carreras? R.- Al Magisterio en mi país le he dedicado, sinceramente, muy poco tiempo y espacio. Pero a mi país le dediqué de lleno los breves tres años (1.964-67) de Maestro en prácticas en la Misión Claretiana de Bata, años de una gran fecundidad y brillantez (era organista y director del orfeón de la Catedral de Bata; Presentador de Radio Ecuatorial- Bata, y articulista del periódico “Poto-Poto”. Antes de acabar la carrera, me vi obligado a simultanear el último curso, en España, con el comienzo de la carrera de Periodismo. Al Terminar la Licenciatura en Ciencias de la Información y retornar a Guinea Ecuatorial, tropecé con la marabunta revolucionaria de Macías y Obiang Nguema, acérrimos perseguidores del mundo intelectual. Mi oportunidad de ejercer el Magisterio en Guinea Ecuatorial, se redujo a cero. La faceta de periodismo, se restringió a trasladar a los medios de comunicación (Prensa, Radio y Televisión) oficiales los mensajes, noticias y discursos revolucionarios del Presidente Macías Nguema. He dado más de mí en materia de ciencias de la Información que en el Magisterio. De todos modos he sido, Director del periódico “Diario “Ébano”; acaso la mayor aspiración de un periodista en su país. Luego he sido Secretario de Estado de Información y Turismo. Un cargo político inútil, en dictadura. P.- En ese terreno y actividad concreta “oficial”, resulta difícil no ser mirado como una persona entregada al servicio de la dictadura de Macías. ¿Cómo lo bandeaba Ud.? R.- Por dura y esclavista que me resultaba esta labor, al no tener las manos y mi mente libres para volar suelto por el mundo de la libertad de información, sin embargo, la labor era extremadamente fácil, al no ser libre, sino bajo el dictado permanente, censura estrecha y corrección implacable del propio presiente Macías de los textos en su contenido y letra pequeña. De modo que la sociedad, conocedora de las insalvables trabas a mi labor periodística, estaban más pendientes del estilo, la calidad literaria y lo bien que estaban los textos. Los enfados me llegaban directamente del propio Macías, a través de los Servicios de su Gabinete o de la Casa civil. “Este chico, nunca entenderá mi lenguaje político revolucionario”-refunfuñaba Macías a cada crónica, noticia o comentario en el que yo empleara más estilo literario y elegancia de lenguaje, en vez de atiborrarlo de frases muy revolucionarias. Sinceramente, no recuerdo, durante ese agitado servicio haber recibido las quejas de la población reprobándome un excesivo conocimiento y utilización del “lenguaje político revolucionario” de Macías. P.- ¿Cómo era su trato con Macías Nguema? R.- A mí se me ocurre calificarlo de exquisito. Guardaba conmigo un especial cuidado consistente en provocar muy escasos encuentros directos; ninguna audiencia personal. Aun cuando me citaba al Palacio, todo acababa en una tercera persona encargada de trasmitirme con toda la violencia posible, la advertencia, el enfado, o quizás aquella alabanza tantas veces recibida por el estilo literario de mis textos: “¡¡¡Dice el Presidente que esta es la mejor crónica que has escrito en toda tu vida!!!”. Señalar, finalmente, que, a diferencia de tantos otros guineanos que regresaban de España con sus diferentes carreras, oficios y títulos, Macías Nguema, nunca jugó con mis carreras. Así como a los médicos los hacía Ministros de Industria; a los abogados, los enviaba a dirigir granjas de pollos…, a mí me respetó escrupulosamente en mi profesión periodística. Macías, en definitiva, y en relación a mí, me trataba más como extranjero que como guineano capaz de sumarme a la vorágine de la dictadura. P.- Cómo se explica esta especie de contrasentido; que un Macías, dictador vitalicio, conocido como de entre los peores dictadores de África; que pasó por encima e hizo desaparecer a tantos valores intelectuales llegados de España masacrándolos; y sin embargo, a Ud., en un lugar tan delicado como los medios de información, no acabara con Ud. R.- A punto estuvo de hacerlo, a propósito de mi tesina de fin de carrera, que un Ministro de Educación le presentó como un “libro escrito contra Macías”; pero la sangre no llegó al río. Conviene saber que a mi llegada a Guinea Ecuatorial, tras finalizar las Ciencias de la Información, era, y durante bastante tiempo, el único titulado en periodismo, llegado de España. (Mi respetable y dignísimo predecesor, Don Saturnino Ibongo Iyanga, una egregia personalidad intelectual y política, había sido sacrificado en los primeros albores de la revolución política de Macías.) Al margen de la revolución –que él sabía que yo no había estudiado, ni entendería fácilmente, hay que decir, en su desdoro, que Macías creó y alimento familiarmente importantes poderes fácticos en su entorno, que minaron y vaciaron su prestigio, lo empujaron por el escabroso camino de la liquidación de valores intelectuales y humanos, y lo condujeron finalmente al fusilamiento. Lo afirmo y reafirmo contundentemente: mis verdaderas tragedias, peligros y trances de muerte por la política, los he vivido, tras la ejecución de Macías, y la toma violenta del poder por su sobrino Obiang Nguema. P.-Es de suponer que su escasa dedicación a la enseñanza cuyo título de Maestro de Primera Enseñanza posee, se debe a tanta deficiencia existente en el país en el campo de la Enseñanza, desde lo físico y material, las infraestructuras… R.-…Sobre todo debido a la falta de sentido, valor e importancia o necesidad hasta el odio y persecución a la enseñanza… Obsérvese las prisas que tanto Macías como, especialmente, su sobrino Obiang Nguema se dieron en liquidar del suelo patrio a centenares de valores intelectuales que a lo largo de años y años germinaron en nuestro país. Solo por evitar el estorbo de personas capacitadas intelectualmente, humanamente… que pudieran cuestionar su absoluta incapacidad para dirigir los destinos de un pueblo. La Enseñanza, la cultura y la educación de mi país están por los suelos. No es de casualidad, sino fruto de todo un programa, bien aplicado y férreamente controlado. P.- Si me permite, adentrémonos, de alguna manera, en la intimidad de su persona. Nace… R.- Era una mañana del 6 de Noviembre de 1.943, en el poblado de Acok-Esaguong, en el Distrito de Sevilla de Niefang, en la, hoy, Provincia de Centro Sur, de la Región continental de Guinea Ecuatorial. Si bien mi poblado es efectivamente Acok, mi nacimiento se produjo entre la hierba matinal, mojada de rocío, de una finca de café del poblado “Endam’ayop”, a la orilla del río Wole. Mi madre se había traslado a la casa de sus padrinos de boda, en ese poblado, a la espera de mi- dicen que retardado- parto. De modo que esa mañana del 6 de Noviembre, se trasladó mi madre de madrugada a la finca de café de sus padrinos. Se sentó, cansada sobre la hierba mojada de la finca, y se recostó en un macizo y robusto tronco de “Elón”. Ahí, ante la mirada virgen, asombrada y polícroma de las bolas de café, y el batir de palmas de sus hojas, llegué al mundo. De entre las rendijas del robusto tronco del “Elón”, severo, austero, incorruptible, se asomó un “scorpio”… Mi signo zodiacal. En mi pueblo me conocen por el nombre cariñoso, entre otros, de “Tronco de Elón”. P.- ¿Ha sido alguna vez visitado por el hada de la poesía? R.- Yo soy, he sido, profundamente un hombre de selva. No hay poesía más honda que la que brota de las anchas y profundas raíces de una ceiba, se encarama suave y frágil por su tronco y sus ramas, para perderse, agua y flor, por toda la selva. Durante mis estudios, especialmente de Humanidades, me dejé abrazar por el hada de la poesía. De modo que ella, y la música hicieron de mí, un bígamo lírico-místico. Es cierto que la vida tan azarosa en cuyas manos, al final quedé atrapado -yo creo que demasiado temprano- ha ido dejando todo eso tras espesas cortinas de viento, recuerdo y nostalgia. De todos modos, soy de letras, toda la vida. P.- ¿Cómo fue el Severo-Moto, niño, joven, soltero? R.- Un desastre de niño. Mis hermanos, mi esposa y mis hijos se enfadan cuando les cuento y recuerdo mi niñez y me comparo con el “patito feo” de la familia. La verdad, parecía que todas las enfermedades relacionadas con la piel, (menos la “lepra” y el “pián” y la “sarna”) habían encontrado en la mía su mejor y más cómodo aposento. En contraste, gozaba de una fortaleza interna para el trabajo y la pelea, envidiable. La entrega al servicio de los demás, a veces rayano en lo servil, pero siempre alegre, me hizo muy famoso, ya no solo en mi casa sino en todo el entorno del pueblo. Todos me mandaban a algún recado; y yo feliz, a cumplir. Eso sí había que aprovechar los escasos momentos de mi presencia en el poblado. Porque la mayor parte del tiempo de mi niñez lo pasaba en el bosque; con un tirachinas, persiguiendo a los pajaritos, que se burlaban de mí, de lo lindo. Mi enamoramiento del bosque me mereció el apodo de “Mëfann” (El bosques). Pero, a pesar de lo desastroso de niño, disfruté, como muy pocos, de un cariño popular envidiable. Todos me mandaban. Todos me querían. Por todo el poblado de Acok, resonaba el eco de: “¡Se!”, sincope de Severo. P.- ¿Los primeros estudios? R.- Muy torpe. Mejor dicho: ir a la Escuela de Bicaba, era, de niño, mi peor castigo. Especialmente en esa especie de “verano-invierno” que se vive en las zonas tropicales, donde la mañana, solo invita a “dormir y soñar que estás durmiendo”. Muy mal alumno, de niño. De modo que tanto recibía palizas en la Escuela de Bicaba, por llegar tarde a clase, como de mi padre; empeñado, el buen hombre, (que en paz descanse) en hacer de mí un “hombre de mañana”. Ese, naturalmente, no era mi plan. Pero, en fin, con aquello de que: “La letra, con sangre entra”, tan utilizado y aplicado por los Maestros salidos de la Escuela Superior Indígena, me entraron las letras. (¡¡¡Muchas gracias, queridos Maestros!!!) Y, de pronto me vi trasladado de la Escuela inicial de Bicaba, al Grupo Escolar Matías Montero, de la Ciudad de Sevilla de Niefang. Casi, ya sin solución de continuidad y sin que yo supiera si valía para algo en estudios. (Sí, recuerdo mi pertinaz afición por imitar a los curas celebrando la misa… Eso sí, como me pillara mi padre imitando la ceremonia de la Comunión…) Y salté al Colegio Misión de Niefang, donde fui seleccionado para entrar en el Seminario Menor Claretiano de Concepción Biapa (Fernando Póo). Lo cierto es que los resultados de mis exámenes, para saltar de un entorno o centro a otro superior, estaban muy por encima de lo que yo mismo me creía. De mi vida joven, solo recuerdo que al saltar de la Escuela de Bicaba, al Grupo Escolar Matías Montero de Sevilla de Niefang, frisando los 15 años, mi piel comenzó a desprenderse, como una culebra, de su vieja cobertura. El Señor quiso que cuajara esa piel limpia, arropada por el vestido talar que durante mis años de seminarista vestí, en España. P.- ¿Cómo fueron los años de Seminario? R.- Seis años de Humanidades y uno de Noviciado. Concepción Biapa; Cervera (Lérida) Barbastro y Pueyo (Huesca). Fue, sencillamente, un periodo de vida dedicado de lleno a escalar, en silencio, la profunda altura al encuentro de la santidad. Siete años, después, el Señor me envió al encuentro y servicio de los hombres, en el mundo. P.- ¿Sirvieron de algo, estos siete años? R.- Sinceramente, si no hubiera pasado por ese crisol, mis estudios posteriores y mi vida nunca hubieran tenido el basamento humano y profundo de que puedo presumir. No cambiaría nunca esos siete años por nada del mundo. P.- ¿Cómo entra en la vida política? R.- Si he de ser sincero, debo reconocer, que la política (tal como la he conocido, tal como la veo tratar, tan embarrada y tan cargada de vicios, tan alejada de su genuino significado griego –“polis” o ciudadanía y tiké o arte), la política nunca hubiera sido la alternativa o la secuencia inmediata a tomar, después de abandonar el seminario. La prueba es que, como he dicho antes, pasé mucho tiempo en la dictadura de Macías, sin “meterme en la política”. Al no conocer el “lenguaje político revolucionario” de Macías, nada podía hacer en la política P.- ¿Por qué se metió? R. Fui empujado, en dos momentos, a la política. Uno, sin quererlo, en l.969, recién comenzados mis estudios de periodismo, cuando se abre la primera Embajada de Guinea Ecuatorial en España y sus Embajadores y Secretarios, así como otros cargos, se dedicaron a la burda tarea de meter a la fuerza a todo estudiante guineo en España en el fétido grupo de “Juventud en marcha con Macías”. Mi rotundo desprecio y negativa a entrar en ese lodazal me convirtió en enemigo a batir por la Embajada y sus terribles Comisarios políticos.(Bathó Obam Nsue Mangue y Pedro Nsue Elá, entre otros) El segundo momento, se produce en el año 1.979, cuando, decido exiliarme en España, tras haber sufrido una injusta y vergonzosa cárcel de 3 años en Blay-Beach; sin juicio ni condena y solo con la burda acusación de pertenecer a “Infor-Tur” (Información y Turismo). Como puede verse, ya, sin haberme adentrado en la política, era perseguido, maltratado y encarcelado. Odiado. Al huir de Guinea Ecuatorial, tras el golpe de estado del 3 de agosto, después de un leve ensayo de “arrimar el hombro profesional” a lo que se suponía iba a ser un respiro en la tiranía, y refugiarme en España, llevaba en mi mente la idea de huir, verdaderamente, y perderme. Fueron dos españoles y un guineano quienes me sugirieron la idea de crear un partido para luchar desde el exilio contra la tiranía que anegaba mi país. Yo sé que esta insinuación obedecía, no tanto a mis cualidades de político (al estilo que tanto se exhibe…) sino por otras razones, de absoluta lejanía y oposición al caos en que la tiranía convertía a mi país. P.- ¿Cómo fue la experiencia de fundar un partido político en el exilio? R.- Simple y llanamente, apasionante. Sin más presupuesto ni medios económicos que la decidida voluntad de ofrecer un servicio a mi pueblo. En el fondo, si soy sincero, reconozco que la política para mí venía a suplir, de alguna manera, el servicio que no pude ofrecer a mi pueblo como sacerdote. Algo, francamente peligroso; porque me llevo una gran decepción, cada vez que alguien me asegura que la “política es vida o muerte”. “La política es mentir y falsearlo todo”. “La política no casa con la honestidad”. La verdad, reconozco que este no era mi camino. Todavía más, cuando en esos 27 años de dedicación a la política he tropezado, miles de veces con la muerte, con la mentira y la falsedad, y veo realmente que la deshonestidad es la marca generalizada (al menos en el entorno en el que, sin querer, me muevo). P.- Preguntas casi obligadas. ¿La mejor experiencia en 27 años de política? R.- Me encontré muy pronto con un guineano, Armengol Engonga Ondo. En pleno Madrid; después de haber acabado su carrera de Ingeniero, dueño de una empresa particular, asentado de lleno en España; esa especie humana guineana que, ante la debacle dictatorial que sufría Guinea Ecuatorial, podía pasar olímpicamente de ese país y sus problemas; se me acercó, un feliz día de 1984. Y tras su saludo, me dijo simplemente: “Dime qué puedo hacer para sumarme al proyecto del Partido del Progreso”. De sus manos nació la primera sede del Partido del Progreso en España. El Partido del Progreso, Guinea Ecuatorial y yo, tenemos la gran suerte de seguir contando con él. La incorporación y permanencia en el Partido del Progreso de numerosos e importantes valores humanos, profesionales, intelectuales guineos y el cordón de amigos, compañeros y técnicos españoles que se han unido al gran proyecto del Partido…¡Eso no tiene precio…! Otra experiencia: La rápida y asombrosa expansión del Partido del Progreso en la conquista y acaparamiento de amistades y simpatías de todos los niveles; primero en España y luego, de la mano de la Internacional Demócrata Cristiana, en Europa y en América Latina. La tercera experiencia, resultado y resumen de las anteriores es la de los abrazos multitudinarios, generosos y sinceros con que el pueblo de Guinea Ecuatorial, guiado por Pablo Ndong Ensema, nos recibió a nuestra llegada, por segunda vez, a Guinea Ecuatorial en 1.992, en solicitud de la legalización del Partido del Progreso. Dentro del país, tres escenarios históricos: el día de la legalización del Partido del Progreso, que fue una explosión popular que culminaba el sorprendente y descomunal espectáculo de la multitud que anegaba de gente la sede del partido, solicitando la afiliación, mucho antes de la legalización del Partido del Progreso. No puedo pasar de lado el histórico papel del Partido del Progreso en las elecciones municipales de 1.995 en las que la oposición tiró por los suelos a la tiranía, en las urnas. El multitudinario mitin popular celebrado en la ciudad de Bata, de cara a las elecciones presidenciales de 1.996 puso un brillantísimo broche de oro a eso que llamamos, primer ensayo y prueba de lo que está llamado a ser y hacer el Partido del Progreso en nuestro país. P.- No falta quien cree que todo esto pertenece al pasado. ¿Qué responde a eso? R.- Los informes y la constatación de propios y extraños aseguran que, al revés; el tiempo que pasa, y a pesar de nuestra forzada ausencia física, el Partido del Progreso sigue siendo la alternativa política que, en un clamoroso silencio sonoro, concita las esperanzas de mi país. No me cansaré de reiterar que mi actividad política tiene como objetivo central e insustituible el servicio a nuestro país. Si tuviera otros objetivos (dinero, encima robado…; simple poder y mando u otras razones inconfesables que tanto mueven a otros…) yo no continuaría. No estaría en el exilio, conmigo, el selecto elenco de destacados directivos del PP; no hubiera sido posible ni existiría el Gobierno de Guinea Ecuatorial en el exilio. Si no supiéramos con absoluta certeza que el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial mantiene profundizadas sus raíces en el alma expectante del pueblo guineano, nos consideraríamos los mayores estúpidos del mundo; y, a fe mía que no lo somos. La frase reiterada de mis paisanos: “En Guinea Ecuatorial, solo se os espera a vosotros”, es un acicate una responsabilidad difícil de abandonar. P.- Aunque sea en breves líneas, ¿Cuáles han sido las peores experiencias en política? R.- Efectivamente las hay muchas. Como para haber dicho “si lo sé, no vengo”. La despiadada invasión de las sedes del Partido del Progreso, por las fuerzas represoras de Obiang Nguema y el secuestro y robo a mano armada de los archivos del Partido, en 1.992. La larga experiencia de cárceles, torturas, exilio, atentados, odios (Croacia, Navalcarnero, revocación del exilio, mi pasaporte, y el vacío de algunos de mis amigos) han marcado desgraciadamente los últimos siete años de mi vida política y de exilio. Me gustaría relegar ese escabroso capítulo a las hemerotecas. P.- ¿Por qué? Las dos facetas marcan y definen toda su personalidad política. R.- Pues, sí; pero los éxitos son alegres y la alegría distiende. Yo prefiero hablar de nuestros éxitos y alegrías cuando me refiero a mi pueblo. Sé que eso entristece a los enemigos. Ahora, bien, nada ha sido tan brutalmente decepcionante en mi vida política como comprobar, en 27 años de dedicación, que efectivamente, para algunos, “política” significa, matar, mucha mentira, un fuerte lote de deshonestidad, enriquecimiento a robo sucio y voraz; corrupción arrasadora y quedarse para siempre en el poder para evitar juicios y quizás condenas eternas. Que la “política” sea una infecta cobertura para delinquir impunemente… ¡es muy fuerte! P.- Conociendo lo que supuso para Usted el episodio de Croacia, no se entiende muy bien por qué quedó todo eso en escasas dos páginas de prensa y un medio y tímido telediario. R.- Desde que fui llevado a Croacia, hasta que reaparecí, hubo suficiente ruido en los medios. Los culpables de aquel “asesinato en tentativa”, hicieron todo lo posible para que todo el mundo aceptara la versión que a ellos les interesaba. Culpar a la víctima y no al asesino. Pero es muy importante ver cómo, al aparecer de nuevo, en Madrid noté primero la profunda decepción de los supuestos autores; noté su gran desesperación por el conocimiento detallado que yo tenía de los hechos y de su “gran verdad”; noté y supe que su orgullo se había estrellado contra el fracaso; y, sobre todo, noté cómo el poder de Obiang Nguema se cebaba sobre España, y vi finalmente como, de nuevo la espesa losa de “materia reservada” caía con obligado silencio sobre el terrible asunto. Lo más fuerte es la vergüenza que sentí de pertenecer al mundo de mis colegas periodistas que, obedeciendo al dictado del poder, se refugiaron en calificar de “historia rocambolesca” mi tragedia en Croacia; teniendo en sus manos todos los elementos y datos para una investigación periodística de primerísima categoría. P.- Alguna vez, quizás en un libro, hablará Usted de las amarguras y dulzuras de su vida política, seguro… R.- Pudiera ser que sí. Pero cualquier libro que yo escribiera preferiría siempre que fuera más para información y formación que para levantar pasiones encontradas. Si llegara a ser Presidente de mi querido pueblo, perdonar, olvidar tanta tragedia, y entregarme totalmente al servicio de su libertad, derechos humanos, democracia y felicidad, sería el mejor regalo que podría hacer a Guinea Ecuatorial. El equipo que me acompaña es el gran garante de estos limpios propósitos sobre mi país. P.- Aunque sea por satisfacer a quienes siempre, en sus entrevistas, le llevan por la calle de los intentos de golpes de estado. (La verdad es que cualquier entrevistador suyo hace gala de buen entrevistador, si le ha arrancado a Ud. declaraciones sobre este lastre…) ¿Alguna aclaración en torno al viejo y manido asunto? R.- Es muy interesante. Obiang Nguema descubrió muy pronto que el golpe de estado, tan dilatadamente utilizado en África y en algunos otros entornos mundiales, y muy especialmente por él mismo contra su tío, tiene siempre el doble filo de ser aceptado, si triunfa. Pero si falla es un lastre. Él, “militar” salido de la Academia de Zaragoza, conoce las estrategias de golpe de estado, sea para tomar violentamente el poder, como para eternizarse violentamente en él. Duró once años a la sombra de su tío Macías preparando el salto al poder por un golpe de estado, tan certero que “mandó” a su tío al “infierno”, como tanto le gusta repetir. Yo, ni soy militar, ni lo seré nunca. No aspiro ni aspiraré a ser ese “Hombre Fuerte” detestado por el Presidente Barack Obama y que llena de tiranos el Continente africano. Esto aclarado, debo señalar que Obiang Nguema no ignora que los golpes de estado lo dan los militares. Tampoco ignora que ni soy ni voy a ser militar. Pero sabe que, a pesar de mi absoluta ignorancia e incapacidad para hilvanar y tejer los entresijos de un golpe de estado, atribuirme una y otra vez la autoría de intentos de golpe de estado, mancilla, evidentemente mi limpia trayectoria política. (No militar; porque no tengo tal trayectoria). En más de cinco ocasiones me ha acusado de intento de golpe de estado, enjuiciado, condenado siempre a durísimas penas, a sabiendas, como buen militar-político, de que miente contra su cabeza. Ahora bien, sin ser militar, y sin conocer las artes del golpe de estado, sin disponer, desde luego, de potencial económico para financiarlo, sé que hay dos caminos ante un tirano empecinado en maltratar a mi país. Uno, las elecciones libres, campo en el que ni puede ganarme, ni se atreve a convocar limpiamente. Dos, que se me ofrezca la oportunidad de liderar la dirección de mi país, una vez desaparecido del escenario político un tirano. Nunca -lo prometo- nunca me negaré a aceptar tal oferta de servicio a mi país. He dedicado ya 27 años de preparación política con el Partido del Progreso y el Gobierno en el exilio. Estamos preparados para dirigir el llamado “Post Obiang” hacia las elecciones libres, transparentes y justas en mi país. Es el gran reto y desafío que podemos plantear a Obiang Nguema y a sus apoyos. Es impresionante ver cómo les cuesta encarar este reto. P.- La mancilla, parece haberse conseguido… R.- Hombre, pues sí; para sus amigos, apoyos internacionales y quienes se nutren de la corrupción que despide su “Hombre Fuerte”. Lo cierto es que para mi pueblo, cada vez que Obiang Nguema me acusa de intento de golpe de estado, hay un revuelo de júbilo recorriendo en cadena los corazones y mentes, llenos de esperanzas; esperanza que se transforman en desencanto, cuando Obiang sale de su susto mortal y anuncia el intento frustrado. Por otro lado, Obiang Nguema y sus apoyos españoles han conseguido que me rodee un extraño halo de hombre adinerado y financiador de golpes de estado. Toda una urdimbre diabólica e intencionadamente equívoca, que solo llena de gozo a sus secuaces y protectores. En ese sentido es impresionante la magistral argumentación con la que el Tribunal Supremo español, desmintió las razones por las que el Gobierno español pretendía revocar mi condición de asilado político. P.- No ha sido, evidentemente, un camino fácil. No lo es, ni lo va a ser. Posiblemente esa de las denuncias de intentos de golpe de estado es de las experiencias peores. Hace mella negativa, por lo menos en el exterior, aunque, como dice Usted, el pueblo le tiene a Ud. como el único que “intenta” satisfacer sus esperanzas. R.- Puestos a elegir, me sumo a las esperanzas de mi pueblo. Hay una parte muy importante de la comunidad internacional que no me tiene hundido en esas historietas de desvío de atención. El Partido del Progreso, sus directivos y militantes, muy africanos; bordeados de técnicos, expertos y profesionales españoles y otros extranjeros, son una firme y convincente respuesta a las ilusiones y esperanzas que nuestro pueblo nos tiene reservadas. P.- ¿Puede hablar de sus relaciones con España? R.- Han habido tres “Españas” para mí, mi partido y los míos. La que vio nacer el Partido del Progreso, el 25 de Febrero de 1.983; nos acunó y acarició. En sus manos crecimos y nos hicimos maduros, hasta que el 2 de mayo de 1.992 nos acompañó a Guinea Ecuatorial; y durante cuatro años siguió de cerca los avatares, persecución, asedio, acoso y derribo de la dictadura contra nosotros. La segunda “España” nos abrió las puertas con una gran delicadeza y generosidad, cuando tuvimos que retomar el exilio en 1.996. Y quedamos envueltos en una hermosa hornacina de soledad. La tercera “España…” digámoslo con absoluta sinceridad y sin acritud, nos ha sometido (desde 2004) a una durísima (no sé si merecida) prueba de llanto, fuego y crujir de dientes. Me aseguran que esta última España, ha puesto su especial atención, en, entre otras estrategias, la de dejarme agostado de medios económicos, para ver si cedo, abandono, o muero de pura inanición. P.- Ha dicho que prefiere no hablar de las malas experiencias políticas; pero es inevitable que nos explique con detalle cuál es su situación judicial. Nos consta que, después de numerosos accidentes e incidentes, de los que prefiere no hablar; el Gobierno de Zapatero le retiró el asilo político. El Supremo se lo devolvió. Poco después fue acusado de intentar enviar un coche con un “gran arsenal” de armas para atentar contra Obiang Nguema; Cuatro meses y cuatro días después de la cárcel en Navalcarnero, se sabe que fue puesto en libertad provisional, bajo pago de fianza de 10.000 Euros y una serie de condiciones. Eso fue en Agosto de 2008. Luego, se sabe muy poco más de su situación actual, en el terreno jurídico. R.- Ya he tenido, en este caso muy concreto, cuatro jueces y cuatro abogados. Estos cuatro se han retirado sistemáticamente tan pronto como han percibido el tufillo político sobre el que se basa toda esa historia. Si a esto se añade que ningún abogado es pariente mío ni hermana de la caridad, en cuanto huelen falta de solvencia económica, naturalmente ponen tierra por medio. Muy comprensible. Tengo en mis carpetas diversas resoluciones de los Jueces, por las que por una parte me exonera de la acusación de intento de golpe de estado o de acabar con Obiang Nguema, por falta de pruebas. En otra, se deniega el propósito de Obiang y su gobierno de personarse como acusación en la causa. En la tercera resolución, la Audiencia Nacional se inhibe en los tribunales de Sagunto donde encontraron el coche “lleno” de armas. Estamos, pues a la espera de ser citados por los tribunales de Sagunto. Mientras tanto, desde hace ya dos años largos, acudo todos los lunes a firmar en el Juzgado de mi residencia. Tengo retirado el pasaporte. No puedo moverme fuera del territorio nacional español. Me controlan y reprimen en España, para “no molestar a Obiang Nguema” P.- Una situación un poco anómala; tratándose de una persona acogida, en asilo político, en España. Es muy novedoso y muy extraño en un país democrático. ¿Se ha sentido preso político en España? R.- Nada tengo que decir, ni he dicho nunca contra la Justicia Española, en la que siempre confío. Todas mis sospechas y desazones se centrar en el tufillo político que desde mi estancia en la cárcel de Navalcarnero, ya me aseguraban, tiene este asunto. Cuentan que cuando llegó al palacio de Obiang Nguema la noticia de mi asesinato en las aguas del Mar Adriático de Croacia, entre chorros de champagne y borrachera de whisky, los diputados gritaban ebrios: “¡¡¡Esto sí que ha sido una obra de laboratorio!!!”. Fallaron aquella vez. Ahora que me tienen atrapado y anulado, vigilado, controlado y asediado en España, sí me temo que han acertado; aunque seguirán tropezando, hasta mi muerte, con mi resistencia y la fuerza que me da el Partido del Progreso y mi pueblo, Guinea Ecuatorial. Visto lo visto, y vivido lo y vivido, es difícil no pensar que en España soy un preso político… por orden de Obiang Nguema. Aquí está la clave… ¡¡¡Cuánto manda Obiang Nguema en España!!! P.- ¿Cuál es la salida, señor Moto? R.- Dicen que cuando el demonio te cierra las puertas, Dios siempre te abre una ventana. Mi pueblo, Guinea Ecuatorial, mi Partido, mi Gobierno en el exilio me quieren. Me lo han demostrado en múltiples ocasiones. Barack H.Obama, afroamericano, subido al Olimpo de las democracias del mundo, azote de tiranos y dictadores africanos, conoce (lo hemos trabajado) nuestra trayectoria política y nuestros propósitos de libertad, democracia y derechos humanos para nuestro pueblo. No sería nada extraño que los ojos de algunos países de la incipiente África democrática estuvieran atentos a la larga tragedia que nos acompaña. Seguro que esta África nos espera para sumarnos a la cadena de países democráticos que nacen en nuestro Continente. No hay razón para la desesperación. P.- Seguro que tiene algo que decir en voz alta a los lectores de esta entrevista; y más especialmente a su pueblo, Guinea Ecuatorial. R.- La verdad es que en mi actual situación de abandono en España, esta vez me ha tocado escuchar a mi pueblo, y agradecer las múltiples muestras de cariño, ánimo y fe depositados en el proyecto político del Partido del Progreso que lidero. Han sido muchos signos. Muy difícil aplacar la profunda emoción que me producían (y siguen produciendo en el alma) las “visitas-manifestación” que protagonizaron mis compañeros frente al Penal de Navalcarnero, durante mi encarcelamiento político en España. Qué decir del seguimiento que, desde Guinea Ecuatorial, hace mi pueblo de mi situación para mayor enfado y preocupación de la tiranía. Solo me toca dar las gracias. Porque por ellos he sido capaz y sigo siendo capaz de aguantar, aceptar y resistir el duro castigo que Obiang Nguema me está infligiendo en la España de hoy. Durante la larga entrevista, Severo Moto, líder del Partido del Progreso y Presidente del Gobierno en el exilio de Guinea Ecuatorial no ha parado en el esfuerzo de dejar muy distanciadas y diferenciadas la “España” que llama “oficial”, de la España “Madre Patria” de donde, asegura: “Me sigue manando mucho cariño y comprensión”
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